- Desde Canals, Córdoba, Lucía combina su formación como Ingeniera Agrónoma con la experiencia de una familia ligada a la producción agropecuaria.
- La joven eligió Case IH para incorporar tecnología a su empresa familiar, con una cosechadora Axial-Flow 4160 y un tractor Puma 230.
- Junto con su madre, forma parte de la conducción de una empresa familiar y destaca el aporte de las mujeres a una mirada integral del negocio agropecuario.
Córdoba — octubre, 2026 — El campo forma parte de la historia de Lucía Gallo Molphy desde su infancia. Proveniente de una familia con una larga tradición agropecuaria, eligió convertir ese vínculo en una vocación profesional que consolidó a través de sus estudios de Ingeniería Agronómica y su formación de posgrado. Hoy, desde Canals, Córdoba, participa activamente en la gestión de María Cristina Molphy e Hijos SAS, una empresa dedicada a la producción agropecuaria y a la prestación de servicios, con actividad en la región y en Entre Ríos.
Su trabajo abarca distintas áreas del negocio, desde el seguimiento de los cultivos y la planificación de las campañas agrícolas hasta la definición de rotaciones, el manejo de los lotes y las decisiones comerciales vinculadas a la compra y venta de insumos y granos. Junto con su madre, quien está a cargo de la gestión administrativa, lleva adelante una actividad que requiere planificación, coordinación y capacidad de adaptación frente a los desafíos de cada campaña.
“Creo que lo que más disfruto de mi trabajo es todo lo que implica el día a día en el campo. Desde la planificación y el seguimiento de los cultivos hasta el momento en que uno puede ver los frutos de tanto trabajo, esfuerzo y sacrificio”, contó Lucía.
La actividad también implica aprender a convivir con la incertidumbre. El clima puede afectar de manera muy diferente a cada región e incluso dentro de una misma zona, con consecuencias que cambian de una campaña a otra. Frente a ese escenario, la capacidad de adaptación, la flexibilidad y la posibilidad de anticiparse cuando las condiciones lo permiten son fundamentales para tomar decisiones y seguir adelante, incluso cuando las circunstancias no son las ideales.
Tecnología y eficiencia en el trabajo agrícola
En su búsqueda de tecnología para mejorar la eficiencia de la producción, Lucía eligió Case IH e incorporó una cosechadora Axial-Flow 4160, el primer equipo de la marca que sumó a la empresa familiar. Actualmente, también cuenta con un tractor Puma 230, que forma parte de su equipamiento para acompañar las necesidades de la actividad agrícola.
Para ella, contar con maquinaria confiable y tecnología adaptada a las necesidades actuales es fundamental para responder a las exigencias de cada campaña y seguir mejorando los procesos productivos. “Estamos muy convencidos y conformes con la calidad de los productos y con los beneficios que nos aportan. Valoramos especialmente la confiabilidad de los equipos, su versatilidad y la buena relación entre la inversión que representan y las prestaciones que ofrecen”, destacó Lucía.
El rol de la mujer rural: una mirada integral del negocio agropecuario
Para Lucía, el rol de la mujer en el ámbito rural es fundamental y ha ido ganando cada vez más protagonismo. En su empresa, la gestión está conformada por mujeres, que trabajan junto a un equipo integrado también por hombres en los distintos establecimientos y áreas de la actividad.
Desde su experiencia, destaca que las mujeres pueden aportar una mirada amplia e integral del negocio agropecuario, que contemple tanto la dimensión productiva y económica como la valoración de los equipos de trabajo, los aspectos sociales y el cuidado del ambiente. Una perspectiva que, señala, es importante sostener incluso en el ritmo cotidiano de la actividad y en la búsqueda de resultados.
“Estoy completamente convencida de que las mujeres somos tan competentes como los hombres y que podemos desempeñarnos en cualquier tarea para la que nos preparemos y asumamos un compromiso”, afirmó. Para Lucía, el desafío es continuar consolidando ese lugar, con confianza y resultados concretos, y demostrar que el talento y la capacidad no dependen del género.
También subraya la importancia del trabajo en equipo: los mejores resultados se alcanzan cuando cada persona puede aportar sus conocimientos, experiencia y fortalezas hacia un objetivo común.
Vocación, compromiso y nuevas generaciones
Lucía considera que trabajar en el campo no implica una diferencia entre mujeres y hombres: lo que realmente importa es la vocación, el compromiso y la pasión con que cada persona encara su tarea. Se trata de una actividad exigente, atravesada por cambios constantes y por factores que no siempre se pueden controlar, como el clima y el contexto político y económico. Las jornadas también implican adaptarse al frío, al calor, a las lluvias y a las condiciones propias de cada época del año.
“El campo necesita que uno ame lo que hace. Incluso diría que requiere cierto grado de fanatismo, porque muchas veces las exigencias van más allá de los horarios y de las comodidades personales”, reflexionó la joven.
A las mujeres y, especialmente, a las más jóvenes que quieren desarrollarse en el sector, les propone animarse, capacitarse y ocupar el lugar que elijan sin ponerse límites por una cuestión de género. Para Lucía, el camino se construye con vocación, compromiso y ganas de aprender, demostrando día a día las propias capacidades con hechos.
Su mirada sobre el futuro del campo combina la incorporación de tecnología, la mejora continua de los procesos productivos y el cuidado del ambiente. “Estoy convencida de que ese es el camino: producir de manera eficiente y responsable, pensando no solamente en los resultados de hoy, sino también en los recursos que vamos a dejar para las próximas generaciones”.